Retrato 4 de 21

Agua Viva

“El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás.”

Un día, después de un largo camino, el hombre se detuvo a descansar junto a un pozo. Mientras estaba sentado allí, una mujer se acercó a sacar agua. Normalmente, las personas como él no le hablaban a personas como ella, pero él lo hizo. Le pidió un poco de agua. Sorprendida, ella le preguntó: "¿Por qué me hablas tú a mí?" Él le respondió: "Si supieras quién te está hablando, tú me pedirías a mí, y yo te daría agua viva." Claro que ella no entendió. "No tienes con qué sacar agua", le dijo. Pero él no estaba hablando del agua que se bebe. Estaba hablando de algo más profundo—una clase de vida que nunca se agota. Estaba hablando del Espíritu de Dios. Luego comenzó a contarle cosas de su vida personal que él no habría podido saber de ninguna manera. Ella enseguida se dio cuenta de que ese no era un hombre cualquiera. Era un profeta. Entonces le habló de cómo su pueblo tenía formas y lugares de adoración distintos a los de él, pero él le dijo que lo que realmente le importa a Dios es que las personas lo adoren en espíritu y en verdad. Ella le dijo que sabe que el Mesías está por venir. El hombre le respondió: "Soy yo, el que habla contigo." La mujer quedó tan maravillada que dejó su cántaro y corrió al pueblo a contárselo a todos. Dijo: "Vengan a ver al hombre que me dijo todo lo que he hecho." Muchos de los habitantes de ese pueblo creyeron en él gracias a ella.

Reflexiones para Meditar

¿Podría ser verdad que este hombre ofrece agua viva? ¿De verdad nos encontraría donde estamos?