Una noche, un maestro respetado del pueblo vino a hablar con el hombre. Lo hizo bajo el amparo de la oscuridad, por temor a lo que los demás maestros pudieran pensar. El hombre le dijo a este maestro que una persona debe experimentar un nuevo nacimiento espiritual para ser aceptada por Dios. El maestro quedó sorprendido y confundido con estas palabras. Nunca antes se había enseñado algo así entre el pueblo. Cuando el maestro preguntó cómo podía una persona volver a nacer, el hombre le explicó: no se trata de un nuevo nacimiento físico, sino espiritual. No de una concepción entre hombre y mujer, sino de un nacimiento divino, obra del mismo Dios. Así es como se produce el cambio que Dios obra en una persona. El hombre hizo referencia a una historia que el maestro conocería bien: aquella en que el profeta Moisés levantó en el desierto una imagen de serpiente hecha de metal, y cómo el pueblo, al mirarla, era sanado. Dijo que algo semejante volvería a ocurrir. Pronto, también este hombre sería "levantado", y todos los que pusieran los ojos en él y creyeran en él serían sanados. Serían salvados del pecado y de la muerte. Dijo que ese era el propósito exacto para el cual Dios, su padre, lo había enviado. Que el pueblo había perdido el camino y se encontraba en tinieblas, pero que la luz había llegado hasta ellos. El hombre afirmó ser esa luz. Afirmó ser la verdad.
Retrato 3 de 21
Maestro Divino
“El hombre debe nacer de nuevo espiritualmente.”
Reflexiones para Meditar
¿Era este hombre simplemente un buen maestro, o fue enviado por Dios para enseñar el camino a la vida nueva?