Retrato 2 de 21

Gran Purificador

“Esta fue la primera señal que hizo. Y el pueblo creyó en él.”

Poco después de que este hombre comenzó su ministerio, fue invitado a una boda. Sin embargo, los invitados se encontraron con un problema: el vino se había acabado. Esto habría sido motivo de gran preocupación en aquella cultura, pues el vino era parte esencial de la celebración. La madre del hombre, quien también asistía a la boda, creía que él podía hacer algo al respecto. Aunque él nunca había demostrado la capacidad de intervenir en algo así, ella confiaba plenamente en él. Allí, en la boda, había seis tinajas grandes que se usaban en los ritos de purificación de su pueblo. Entonces ocurrió algo increíble: el agua que llenaba las tinajas se había convertido en vino; un vino muy especial y de gran calidad. Fue una señal. Una señal de que este hombre había venido a traer algo nuevo; algo que no estaba destinado a limpiar manos, sino a purificar almas. Más adelante, este hombre entraría al templo de la ciudad. Allí vería un lugar destinado a la adoración siendo usado como un lugar de comercio, como un mercado improvisado. De inmediato, la alegría del hombre se convirtió en indignación, y comenzó a voltear mesas y cajones, expulsando a los comerciantes del lugar. Les dijo que estaban convirtiendo un lugar de adoración en un mercado. Dijo que su Padre le había ordenado hacer aquello. La gente estaba confundida. Nadie les había dicho algo así antes. Él dijo que ese templo estaba destinado a algo más grande, algo santo. Estaba hablando de sí mismo, de una misión espiritual que el mismo Dios lo había enviado a cumplir.

Reflexiones para Meditar

¿Podría este hombre realmente haber venido a limpiar corazones y vidas? ¿Es él quien traería un cambio verdadero—no solo por fuera, sino en lo más profundo del ser?