Hace mucho tiempo, el pueblo de una tierra llamada Judea estaba esperando a alguien. Sus pergaminos y sus maestros decían que algún día vendría alguien por ellos—alguien de parte de Dios. Esta persona los ayudaría, los sanaría y los libraría. Habían esperado por mucho tiempo. A esta persona la llamaban "Mesías." Un día, apareció un hombre y comenzó a recorrer los pueblos ayudando a la gente. Sanaba a los enfermos y le hablaba a la gente en historias. Hacía que las personas pensaran en Dios de nuevo—de una manera nueva. La gente estaba asombrada de cuánto sabía. Era bondadoso, pero al mismo tiempo tan poderoso. Se preguntaban—¿Quién es este hombre? Otro hombre hacía algo parecido. Vivía en el desierto y llamaba a la gente a volverse a Dios. Cuando estos dos se encontraron, uno dijo del otro: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." Él creía que este hombre era aquel a quien el pueblo había estado esperando—el que los llevaría de regreso a Dios. La gente comenzó a seguir a este hombre. Empezaron a decirse unos a otros: "Hemos encontrado a aquel de quien habló Moisés. Al que está escrito en nuestros pergaminos. Hemos encontrado al Mesías." Muchos comenzaron a creer en él. Estas personas no necesitaban una larga explicación. Sus corazones ardían dentro de ellos y sabían que este hombre había sido enviado por Dios. Creían que él era el Hijo de Dios—el propio Hijo de Dios, enviado para traer luz, verdad y amor.
Retrato 1 de 21
Hijo de Dios
“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
Reflexiones para Meditar
¿Podría ser este hombre el que nos devuelve a Dios? ¿Ha venido para ayudarnos a conocerle?