Retrato 7 de 21

Agua de Vida

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, de su interior brotarán ríos de agua viva.”

Se acercaba el tiempo de la fiesta anual, una celebración llena de alegría en la gran ciudad, en memoria de cómo Dios había provisto para su pueblo en el desierto. Pero ese año, muchos habían venido a escuchar las palabras de este nuevo maestro, y los líderes religiosos observaban, esperando el momento para desafiarlo. Durante la fiesta, él comenzó a enseñar en los atrios del templo. La multitud se maravillaba de su sabiduría y preguntaba: "¿Cómo es que este hombre sabe tanto, si nunca estudió en nuestras escuelas?" Él les explicó que su enseñanza venía de aquel que lo había enviado: Dios. Los murmullos sobre su identidad se extendieron entre la gente. En el último día, el punto culminante de la fiesta, la gran ciudad vibraba de celebración. Se derramaba agua en el templo en memoria de la provisión de Dios en el desierto y como oración por la lluvia en el año venidero. En ese momento, el maestro se puso de pie y exclamó: "¡Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba! El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva." Estas palabras conmovieron al pueblo. Algunos decían: "Verdaderamente este es el profeta." Otros decían: "Este es el Mesías." Pero los líderes religiosos estaban divididos y se negaban a creer. El agua viva habla del Espíritu de Dios que un día sería derramado sobre todos los que creen. No se trataba de un alivio para la sed momentánea. Era la fuente de vida que jamás se agotaría.

Reflexiones para Meditar

La gente llegó a la fiesta para celebrar la provisión de Dios, pero las palabras que escucharon apuntaban a algo mucho mayor: la promesa de Dios de saciar para siempre la sed más profunda del alma humana.