Esa misma noche, antes de la gran fiesta, el maestro se sentó con sus discípulos para compartir la última cena juntos. Él sabía que pronto los dejaría, y los corazones de ellos estaban llenos de temor y confusión. Para traerles paz, el maestro les ofreció palabras de consuelo y una promesa. Les dijo: "No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios; creed también en mí." El maestro les explicó que en la casa de su Padre había muchas moradas, y que él iba adelante a prepararles un lugar. Algún día volvería y los llevaría consigo para estar juntos para siempre. Esto llenó de esperanza a sus discípulos, pues aunque estarían separados por un tiempo, volverían a reunirse. Entonces el maestro dijo algo muy importante: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí." Con estas palabras les mostró que solo él es el sendero que lleva a Dios. El maestro también les prometió un ayudador—el Espíritu Santo. Este “consolador” viviría dentro de ellos, enseñándoles, guiándoles y recordándoles todo lo que el maestro les había enseñado. A diferencia de antes, cuando el Espíritu de Dios solo venía sobre las personas por un tiempo breve, ahora el Espíritu permanecería con ellos para siempre. Les dio un mandamiento nuevo: amarse los unos a los otros de la misma manera en que él los había amado. Con la ayuda del Espíritu Santo, podrían vivir ese amor cada día. Por último, el maestro les prometió su paz. No la clase de paz que el mundo ofrece, que puede quitarse en cualquier momento, sino una paz profunda y duradera que viene de Dios y que nada puede quebrantar.
Retrato 14 de 21
El Consolador
“No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios; creed también en mí.”
Reflexiones para Meditar
Este maestro les recordó a sus temerosos discípulos que jamás estarían solos. Su Consolador siempre estaría con ellos.